-A. G.: ¿De la Obra de tu padre, Luís Ortega Bru, cual es tu favorita?
- Dentro de la imaginería yo haría dos grupos: el primero sería de la
imaginería de misterios que son de talla completa , por orden
cronológico: el descendimiento de Jerez de la Frontera, la Resurrección
que no llegó a concluir y que retomó posteriormente a falta solo de
policromarla, la Piedad, que fue premio Nacional de Escultura en el
salón de otoño de Madrid, en el año 1.963, y el misterio que iba a
hacer para la Hermandad de las Cigarreras, de la flagelación que quedó
en Manzanares (Ciudad Real). luego estarían los otros, el segundo
grupo, al estilo de composiciones para vestir, ahí estaría Santa Marta,
San Gonzalo, Pasión (Málaga), la Piedad de la Línea de la Concepción
(Cádiz), la Cena, ó el Cristo de la Salud de Monte-Sión, el cual fue
para él una referencia en su producción artística.
-G.R.: Se ha dicho que tu padre era más de hacer Cristos que vírgenes, que nos puede decir sobre esto?
-Lo que pasa es que el veía lo femenino como mas sutil, a los cristos
él los dotaba de fuerza, y decía “mis cristos son la vida y el
sufrimiento de mis amigos y compañeros a los que he visto morir,
luchar, trabajar, pero yo a la virgen la lleno de misticismo, de
amor”.La primera virgen que hizo para el misterio de Sta. Marta, era
casi una Mater dolorosa, la cual no llegó a cuajar en Sevilla. Pero
después en 1.963 llegó a hacer a la virgen de las Angustias, de la
Piedad de la Línea, y posteriormente la virgen de la Salud de San
Gonzalo. Como es lógico se conocen sobre todo las obras que realizó
para Sevilla. Su obra sufrió una evolución muy importante.
-A.G.: ¿A qué crees que se debe la expresividad que muestran las obras de tu padre?
-Yo creo que el buscó siempre la autenticidad, los que le han conocido
le han visto como una persona introvertida, sin sentido del rencor, ya
que sufrió mucho, pero supo superar ese sufrimiento de la guerra, el
perder a sus padres y todo en la guerra. La impronta de la guerra dejó
en él esa huella de sufrimiento, el drama, que es el mismo drama que
vivió Jesús en el Gólgota y sus propios apóstoles de la incomprensión.
Él vivió el drama, porque él llegó a decir “cuando yo estaba haciendo
el misterio de Sta.Marta, sentía que el barro fluía por mis dedos, yo
he sido testigo presencial de la pasión de Jesús”, alguien que te dice
eso, lo tenía que vivir.
-G.R. ¿Qué nos dirías de la personalidad de tu padre?
-Por su personalidad no podía ser un copiador, tenía que ser él mismo,
él se exigía ser él mismo y evolucionar, sufrió mucho pero supo
sublimar ese sufrimiento en belleza, si ese sufrimiento lo lleva a la
madera, ¿cómo puede hacer cosas tan bellas, como San Gonzalo o los ojos
del Cristo de la Salud de Monte-.Sión o la caída y la soberanía que
tiene el Cristo de la Caridad, que verdaderamente es un hombre muerto.
Yo en la temporada que estuve en el museo Luís Ortega Bru de San Roque
(Huelva), me dediqué a recopilar sus pensamientos y ahí si se puede
seguir su evolución. Evidentemente él era un “Poeta de la madera”, era
místico, en su familia le llamaban el místico, si no, no hubiera sido
capaz de plasmar esa belleza.
-A.G.: ¿Cuál es la característica más evidente de tu padre?
-Precisamente esa inquietud por superarse y evolucionar, siendo él
autodidacta. El primer cristo que hace para Sevilla, el Cristo de la
Misericordia de la Hermandad del Baratillo, no se lo dejaron
policromar, pero en cambio era un apasionado de la luz y color, en la
pintura suya es característica y vibrante.
Él me decía,” el color no lo terminas de ver hasta los 45 o 50 años”.
Su policromía era casi monocroma, con los contrastes de la sangre y la
vivacidad en los ojos. Un detalle del que he podido presenciar hace
poco es que llegó a tal perfección en la talla en madera de Cristo de
las almas de la Línea de la Concepción, que no quiso darle imprimación,
el solía dar minio de imprimación, el problema es que el minio tuerce
el color, esta Piedad está pintada directamente óleo sobre madera y te
arriesgas mucho ya que la madera tira y reseca, se arriesgaba a tener
que volver a repintar el Cristo, como ocurrió en el caso de Sta. Marta,
experimentó con la Piedad de San Roque, la cual volvió a repintar y
consiguió obtener una imprimación que no embotase, que está hecha a
base de lacas. Él buscaba la morbidez, el color, la transparencia de la
carne que transmite transparencia y color, siendo algunas de sus
mejores obras en cuanto a policromía, los Cristos muertos de Sta. Marta
y del Descendimiento de Jerez.. Usa colores terrizos, no verdes,
mortecinos, utilizando sienas tostadas, malvas, azul ultramar para
calentar las carnes y darles mas transparencias, siendo esto de la
última época. Por ejemplo el Cristo de la Caridad tiene pintado hasta
el sudor del rigor mortis, con dos tipos de regueros de barnices,
usando pinceladas que parecen casi de puntillismo. Se debe a que lo
pintó con mucho detalle y mucho amor, sobre todo con Amor. Él siempre
experimentaba, de ahí la diferencia entre unos Cristos y otros, eso le
llevó a hacer por ejemplo los ojos del Cristo de la flagelación de
Manzanares, de color azul cobalto ó los ojos del Cristo de la Salud de
Monte-Sión, que son de una transparencia increíble, y los cuales tienen
incluso pintado los capilares del ojo y que posteriormente no lo volvió
a practicar nunca.
-G.R ¿Solía utilizar tu padre modelos al natural?
-Hay una anécdota, él decía “Yo sé reconocer la etnia romana, la etnia
gitana, la árabe, la judía, que todas esas etnias están en los rostros
de los sevillanos y de los andaluces”, esto hay que saber verlo. La
antropometría se encarga de eso y mi padre llegaba a afinar hasta esos
puntos. En Madrid fue una época difícil, solíamos ir a comer a un
restaurante en el que se quedó con el rostro de un camarero, el cual
fue tomado para hacer el rostro de Judas de Sevilla de la Hdad. de la
Cena. También mi padre utilizó a parte de la familia, sobre todo las
mujeres de la familia, que tenían una belleza cordobesa, muy
característica y fina y dicen que en San Roque, había una mujer que le
influyó en su estilo. El necesitaba partir de un modelo natural,
además, él diseccionó en la guerra, lo cual le dio un sentido de la
anatomía, muy especial. Era capaz de captar los estertores que se
producen, por ejemplo cuando se tose. Él se ponía ante el espejo y
dibujaba su propia anatomía. Los médicos incluso se sorprenden del
grado de realismo que tienen las anatomías que realiza Ortega Bru. Luis
interpreta la anatomía de dos maneras, la primera estilizándola como
los cuadros místicos de El Greco o otorgándoles la fuerza y la robustez
de Miguel Ángel, o su famoso escorzo en doble “S”, buscando siempre la
armonía y la belleza.
-A.G.: Es cierto que la sangre del Cristo de la Caridad de Sta.Marta, fue en parte pintada con la sangre de tu padre?
-Sí eso es cierto, era una cosa que hacía en la intimidad, yo nunca lo
vi hacerlo, pero sé que lo hizo. Ya que te sirve para darte una
referencia de color a la hora de pintar la sangre. La sangre hay que
contrastarla con varios tonos y él daba mucha gama de tonos a la sangre.
-G.R.: Supongo que habrás oído sobre lo que se cuenta de la ofrenda que
hizo Iñaki Gabilondo, de la rosa roja al Cristo de la Caridad ¿Qué te
parece?
-Me parece muy poético, ayuda a completar el misterio de mi padre, yo creo que esas cosas gustan.
-A.G: Sabemos que hay un museo de Ortega Bru en San Roque, ¿qué nos puede decir?
-Sí. Bueno es un proyecto que yo creo que fue providencial, y el caso
es que esa obra llegó a San Roque. Si llega a pasar un año más y esa
colección no llega al Ayuntamiento de San Roque…esa colección se
hubiese perdido. La Piedad y la Soledad estarían en Madrid y sin
embargo están ahora en el museo. Hay dos obras también fundamentales de
lo que son la imaginería de talla completa que es un misterio de la
Resurrección que es de una factura final muy suya, es cuando él quizás
evolucionó mas en la escultura, no tiene seguramente las referencias
renacentistas; es mucho más suave, las telas, el ángel tienen una
suavidad , una transparencia, una vaporosidad, en cambio los romanos
simbolizan la brutalidad, porque son las tres reacciones que dicen los
Evangelios, de miedo, de sopor, un temor que traspasaba la comprensión
del hombre, este fue un misterio que rechazó la Hermandad, porque
decían que no se acercaba a lo ideado. También está allí en el museo.
Está con el último método de imprimación que él quería dar, que eran
las lacas que os cuento; y está la Piedad con la primera imprimación de
color, son unas obras de un valor importante, son de talla completa; y
luego están pues varios modelos de la Cena de Jerez, de Sevilla, el
modelo del Cristo de la Salud de Monte-Sión, otras obras de formato
pequeño, unas obras de lo que sería la escultura de vanguardia, mas
moderna, de la abstracción, en total una colección de unas ciento y
pico de obras. Su producción en el Campo de Gibraltar, fue fuerte. Yo
creo que ha sido importante la puesta en marcha del Museo porque al año
de estar el Museo en marcha se hizo una encuesta de haber como estaban
los referentes culturales de Cádiz y había tres, personajes que
sobresalían: Pérez de Iyatas el Pintor, Paco de Lucía y Ortega Bru...
El hecho de que sea también una entidad pública la que se ha hecho
cargo de la puesta en valor, del dominio de esa obra y de su
exposición, de un Museo puesto a su nombre que es un presupuesto
importante. Yo creo que para mí también ha llenado mis expectativas,
esa colección que estaba perdida, ahora esta colocada en un sitio. A mí
me ha servido como algo muy importante, porque algunas obras que
pensábamos que estaban perdidas de Ortega Bru van a aparecer, van a ir
apareciendo; eso me da una idea mas completa de dónde se puede
localizar otras obras de mi padre, que luego se catalogarán, que no
tenemos en el catálogo familiar, que no está en los libros que se han
publicado. Yo creo que todo eso es lo importante, como todo proyecto
cultural funciona también por presupuesto, yo vengo desde 2001 a 2005,
trabajando en proyectos, he tenido que trasladarme allí tres años.,
Ahora estoy en Sevilla y lo que hago actualmente es traerme el trabajo
para acá. Queremos hacer un nuevo planteamiento del Museo que a lo
mejor me pide a mí tener que volver a ir allí durante un tiempo.
Queremos hacer de aquél Museo, el que se pueda repetir el proceso
tecnológico de la imaginería, de la escultura en bronce, de la
escultura en piedra, algo así como el Museo de Espartinas, pero allí
hay un fondo de obras muy importante y además no es solo la imaginería,
sino también otros elementos importantes de la escultura mas moderna..
Pero claro todo esto tiene su tiempo, yo sigo empujando este proyecto,
pero ahora no son tiempos buenos, habrá que tener paciencia.
-G.R, Como has comentado antes tu padre era muy místico y era capaz de
trasmitirlo en su obra, ¿crees que es por eso que las vírgenes de tu
padre, eran de menos gusto del estilo sevillano?
-Puede ser, ya te digo que hay épocas, yo creo que él tuvo una dulzura
en la primera época que fue muy influenciado por las referencias
anatómicas, antropométricas de sus modelos. Él se alimentaba de lo que
veía. Y él veía en su familia rostros bellos; por ejemplo mis tías,
coincidiendo en que esa época realizó vírgenes muy jóvenes. Luego en
Sta, Marta es total, esa dolorosa, que parece que está desgarrada y que
es demasiado fuerte pero bueno luego llegó a la virgen de la Salud. Yo
creo que si aquí en Sevilla procesionase la Virgen de las Angustias,
esa virgen calaría en el gusto sevillano. Pero con la Virgen de la
Salud yo creo que tiene más tirón, pero bueno también tiene la otra
virgen del misterio de Sta. Marta, que ahí se la jugó y se la jugaron;
yo también la veo y es una imagen que es polémica, pero claro es otra
manera y esto es el resultado de un persona que experimenta mucho, que
no se deja llevar, que arriesga.
-A.G.: Sabemos del realismo de la obra de tu padre, ¿Se debe a que siempre intentaba superarse?
-Yo creo que siempre intentaba superarse, hay veces que retoma y a
veces que vuelve atrás, pero es un constante avanzar. Le preguntaban
que si su obra cumbre era Sta. Marta y él decía que su obra culmen,
sería cuando estuviera muerto. Pero ciertamente Sta. Marta tiene algo
especial. Para entender su obra hay que remontarse por ejemplo a San
Juan de la Cruz, la continua búsqueda de la luz, se puede relacionar
con los poetas de la luz, como Vicente Aleixandre, José Ángel Valente…
Él siempre buscaba evolucionar y una vez le pregunté “¿No echas de meno
la obra que tienes en Madrid?” Y él me contestó: “querría tener el
estudio vacío para no influenciarme de mis obras anteriores”.
Equivocadamente lo han relacionado con la producción de Jerónimo
Hernández y su producción era todo lo contrario, el ejemplo está en
esta anécdota, en la que le traje del Museo de Valladolid un catálogo
con las obras y me contestó que no quería verlo porque no quiero que me
influencien o que digan que estoy influenciado por el arte castellano.
Esto es fundamental para el proceso creativo. La pobreza de medios
provoca la creatividad. En su creación siempre se movía dentro de los
parámetros del dolor, el sufrimiento, la pasión de Jesús, pero ha
sabido buscar la belleza, la alegría, la sencillez, dentro de ellas. El
lema del Museo Luís Ortega Bru es: Luís Ortega Bru, ternura y vigor.
-G.R. Tu padre solia dejar detalles en sus obras, como la lágrima del
Cristo de la Salud de Monte-Sión, cuál crees que es el detalle mas
curioso?
-Yo creo que fue ese, al menos el que más me emocionó, yo no sabía que
tenía una lágrima, pero los ojos de ese Cristo pedían una lágrima. Y
luego el Cristo de la Caridad, la policromía que tiene y que tanto me
emociona el verla, yo no lo he vuelto a ver en el resto de sus obras.
Me acuerdo todos los días de él, ya que he trabajado mucho sobre su
obra y recuerdo nuestros momentos en el taller, trabajar sobre una obra
suya, ha sido lo mejor que puede pasar. Yo he renunciado a mi faceta
creativa, con mucho gusto, para dedicarme a dar a conocer la obra de mi
padre y a observarla. Me emocionaría mucho ver el Cristo de la Salud un
Jueves Santo, en las calles de Sevilla. Me siento muy cercano a mi
padre.
-A.G.:¿Cuáles han sido los referentes artísticos de tu padre?
-En el barroco se pedía una imaginería mística, que acercara el pueblo
a Jesús, a mí me emocionan las obras de Juan de Mesa, enmarcado en un
periodo de rigidez debido a la contrarreforma. Luís Ortega Bru, surge
en un momento en el que se democratiza la Semana Santa y se hace mas
accesible al pueblo, el cual es entendido por el imaginero y comulga
con el pueblo.
Pintando era casi de la altura de Velásquez, esculpiendo bebe del
manierismo de El Greco y de la fuerza de Juan de Mesa, y modelando de
Miguel Ángel. Era un barrista extraordinario,
-G.R.: Has adquirido un taller en el Parque Empresarial Arte Sacro, ¿Cuáles son los proyectos que tienes entre manos?
-He estado mucho tiempo sin dedicarme por completo a la imaginería, por
razones personales, en la que tuve que cerrar el taller que heredé de
mi padre en la Calle Cautelar. Posteriormente en casa me dedicaba a
hacer pequeños modelos de barro y en el 2002, se me presentó la
oportunidad del Museo de San Roque, ha sido un gran reto para mí, y
gracias a ello se conoce el trabajo que he hecho en el Campo de
Gibraltar. Yo quisiera terminar mi vida dedicándome a la escultura.
Posiblemente termine Bellas Artes y en el nuevo taller, retome la
escultura. Éste proyecto lo comparto con toda mi familia. Actualmente
estoy realizando una serie de modelos que posteriormente realizaré,
también, un proyecto sobre el problema de la violencia de género, a
falta de su aprobación y algunos otros proyectos que os contaré mas
adelante.
-A.G. ¿Qué le dirías al mundo cofrade?
-Que los que traten con el Señor de la Salud, lo hagan con cuidado y
cariño, que sé que lo van a hacer, y que todos hagan un esfuerzo para
poder ver al maravilloso Cristo de la Salud, un Jueves Santo
procesionando por las calles de Sevilla. Esto sería una gran alegría
para toda mi familia. Quiero agradecerle el esfuerzo que está haciendo
la Hermandad de Monte-Sión, y al mismo tiempo decir que pueden contar
conmigo para lo que necesiten.
Informa: Pasión en Sevilla