Parecía mentira que una cofradía que hace pocos años conmemorara cuatro
siglos y medio de vida no dispusiera de una monografía histórica acorde
con semejante trayectoria. Quizá por ello hace años que, como
hormiguita que iba sumando pequeñas aportaciones en artículos que los
cofrades podían conocer a través de las páginas de la prensa a lo sumo,
Vicente Bellido Castellano, jovencillo cofrade de la Piedad cuando
comenzaba sus investigaciones, se puso en marcha.
La noche de este pasado jueves quedó resuelta la carencia con la
esperada presentación del libro 'Historia de la Hermandad de Nuestra
Señora de la Piedad y Santo Entierro de Jerez'. El trabajo cuenta con
prólogo de Domingo Díaz en el que el hermano mayor recomienda leerlo
"con los ojos amables de la memoria, recreándose en la nobleza y
lealtad de nuestro histórico Jerez de la Frontera desde la perspectiva
cofrade".
De eso se trata cuando, hojear sus páginas evoca al Jerez
tardo-medieval, los mercedarios llegando a la ciudad, el nacimiento de
la Hermandad en el Convento de la Patrona, sus reglas fundacionales, la
imagen primitiva de crucificado portado tras el estanda con correajes y
carcaj por un hermano presumiblemente descendible ya para convertirlo
en yacente, la primitiva imagen de la Virgen de la Piedad o el primer
acuerdo con los frailes para que los cofrades contaran con capilla
propia en La Merced.
Aquellas raíces ancladas en tiempos de difícil documentación cobran
en las páginas de Bellido carácter de entrañable buceo en el tiempo. De
ese modo, aparecen la coexistencia de hasta tres hermandades del Santo
Entierro en la ciudad, la Capilla del Calvario, las indulgencias
concedidas a finales del XVI o como, a partir, son las estaciones de
penitencia. De la consolidación en siglos posteriores, con la llegada
del acuerdo municipal perpetuo de acudir oficialmente a la Procesión
del Santo Entierro o la donación de la Urna y el encargo de la imagen
actual del Señor, se da cuenta con riqueza de detalles delmismo modo
que tampoco se escatiman cuando toca, en el XVIII, la supresión de las
cofradías.
Y también se localizan en sus páginas el retablo antiguo de la
Capilla, la bendición de la nueva Virgen con San Juan y las tres
Marías, La Chacha y su paso alegórico del triunfo de la Cruz, la
Invasión Francesa, los milagros, las nuevas gracias e indulgencias
concedidas, el Vía-Crucis de los Jardines del Monte, las idas
procesionales de la Hermandad del Nazareno al Calvario desde el XIX, la
ayuda en la refundación de la Hermandad de la Soledad, la Archicofradía
de Lourdes, los títulos de Real y Pontificia o la procesión, por parte
de los cofrades de la Piedad, del Cristo de la Viga de la Colegial...
La obra merece mucho la pena, entre otras razones porque -basta
comprobar la lista de singularidades de la cofradía- son muchas las
cuestiones que se necesitaban contar con fundamento.
Informa: La Voz Digital